Emprendimiento

¿Cómo hacer el presupuesto para proyectos?

Publicado el 10 de noviembre, 2020

10 min

Un presupuesto para proyectos es la herramienta que permite planificar y controlar los costes de cualquier iniciativa. Es esencial porque garantiza el uso eficiente de los recursos y ofrece transparencia a clientes y financiadores. Lo elaboran los gestores de proyectos junto con los principales interesados y debe prepararse desde las primeras fases hasta el cierre. Se aplica en cualquier sector o tipo de proyecto y sirve para tomar decisiones, anticipar riesgos y asegurar resultados sostenibles. Además, puede apoyarse en ejemplos y herramientas digitales para ganar precisión y agilidad. 

Elaborar un presupuesto para proyectos es una de las tareas más decisivas en la gestión profesional. De su precisión depende gran parte del éxito en la ejecución. Este artículo ofrece una guía clara y práctica sobre cómo hacer un presupuesto para proyectos, explicando paso a paso desde la definición del alcance hasta el control y seguimiento de los costes. Además, incluye buenas prácticas y recomendaciones basadas en estándares reconocidos, como el PMBOK. De esta forma, se convierte en un recurso útil tanto para gestores experimentados como para quienes inician en la planificación de proyectos.

Contar con un presupuesto bien diseñado facilita el uso eficiente de los recursos, permite anticipar riesgos, tomar mejores decisiones y generar confianza entre los interesados. En un entorno cada vez más competitivo y exigente, comprender cómo realizar un presupuesto para un proyecto y apoyarse en ejemplos y experiencias previas es clave. De este modo, se logran resultados exitosos, se evitan desviaciones financieras y se garantiza la sostenibilidad de cualquier iniciativa.

¿Qué es un presupuesto para proyectos y por qué es esencial?

Un presupuesto para proyectos es una estimación sistemática de los costes que implica planificar, ejecutar y cerrar un proyecto. Incluye tanto los gastos directos, como recursos, materiales, personal o viajes como los indirectos. Es el caso de overheads, mantenimiento o imprevistos.

Tener un buen presupuesto para proyectos permite:

  • Garantizar que los recursos disponibles cubren lo que se planea realizar.
  • Facilitar la toma de decisiones, tales como qué tareas priorizar, dónde recortar si hacen falta, etc.
  • Controlar los costes durante la ejecución, detectar desviaciones y ajustar.
  • Cumplir con los requisitos de financiadores, clientes u organismos reguladores que suelen exigir transparencia.

Fuentes oficiales, como el PMBOK del PMI (Project Management Body of Knowledge), establecen que la gestión de los costes del proyecto consta de tres procesos clave: estimar costes, determinar el presupuesto y controlar los costes.

Pasos para cómo hacer un presupuesto para proyectos

A continuación, te ofrecemos una guía práctica basada en normas como las del PMBOK.

Definición de alcance y estructura de trabajo (WBS)

El punto de partida para elaborar cualquier presupuesto de proyectos es tener claramente definido el alcance. El alcance se refiere a los límites del proyecto: qué se incluye, qué se excluye, qué entregables se esperan y cuáles son los criterios para considerar que el trabajo está terminado. Una definición precisa del alcance evita confusiones posteriores, ayuda a alinear expectativas con los interesados y sirve de base para toda la planificación financiera.

Una vez delimitado el alcance, se construye la estructura de desglose del trabajo (Work Breakdown Structure o WBS). Es un esquema jerárquico en el que el proyecto se divide en entregables principales, y estos a su vez, en componentes más pequeños y manejables.

Algunas características de una buena WBS son:

  • Jerarquía clara
  • Orientación a entregables
  • Exhaustividad y exclusión mutua
  • Nivel de detalle adecuado

Contar con una WBS bien estructurada facilita la posterior estimación económica y también sirve como herramienta de comunicación. Y es que todos los involucrados en el proyecto pueden entender de manera sencilla cómo se organiza el trabajo y cuáles son los entregables esperados.

Identificar los recursos necesarios

Una vez definido el alcance y estructurado el trabajo, el siguiente paso es identificar con precisión qué recursos se requieren para llevar a cabo cada actividad.

  • Recursos humanos: Definir perfiles, competencias, nivel de dedicación y tiempo estimado de participación. No es lo mismo contar con un especialista senior que con un perfil junior, ya que las tarifas y la productividad varían.
  • Materiales y suministros: Desde insumos básicos hasta elementos especializados. Es importante calcular cantidades y considerar márgenes por desperdicio o imprevistos.
  • Equipos y herramientas: Pueden ser propios o alquilados. Se han de incluir costes de adquisición, mantenimiento y uso.
  • Tecnología y software: Licencias, servidores, aplicaciones, suscripciones en la nube u otros elementos digitales necesarios para la operación.
  • Subcontrataciones y servicios externos: Proveedores que realizarán tareas específicas que el equipo interno no puede cubrir.
  • Logística y viajes: Transporte, hospedaje u otros gastos asociados a la movilidad del personal.

Estimar los costes de cada recurso

Con los recursos ya identificados, el siguiente paso es asignarles un valor económico. Este proceso es fundamental porque convierte el plan de trabajo en una proyección financiera que servirá de base para la toma de decisiones. Una estimación precisa permite reducir la incertidumbre y anticipar posibles desviaciones.

  • Costes directos: Son aquellos que se relacionan de manera inmediata con la ejecución de actividades del proyecto. Debes incluir los salarios del personal asignado, la compra de materiales específicos y el alquiler o adquisición de equipos. Además, añade el transporte de bienes o personas y cualquier gasto que pueda asociarse directamente a un entregable.
  • Costes indirectos: Aunque no se vinculan a una tarea específica, son indispensables para que el proyecto pueda ejecutarse. Entre ellos, se encuentran el uso de instalaciones, servicios básicos, soporte administrativo, seguros o gastos de gestión. Una parte de estos costes suele distribuirse proporcionalmente entre varios proyectos de una misma organización.
  • Reservas por riesgos o imprevistos: Ningún plan está exento de incertidumbre. Por ello, es recomendable que incluyas una reserva de contingencia que cubra situaciones inesperadas. Ayudará a cubrir retrasos, aumentos de precio en los materiales, fallas técnicas o modificaciones solicitadas por el cliente. Esta práctica refleja una gestión responsable y alineada con las metodologías reconocidas de dirección de proyectos.

En cuanto a técnicas de estimación de costes, existen distintos enfoques:

  • Estimación por analogía: Se basa en la experiencia de proyectos anteriores con características similares. Es útil en fases iniciales, cuando se dispone de poca información.
  • Estimación paramétrica: Utiliza fórmulas o relaciones matemáticas. Por ejemplo, calcular el coste de construcción en función de metros cuadrados o el coste de desarrollo de software según líneas de código.
  • Estimación bottom-up o por desglose: Consiste en estimar el coste de cada tarea individual de la WBS y luego sumar los resultados. Es el método más detallado y preciso, aunque también el que más tiempo y esfuerzo requiere.

Determinar el presupuesto total del proyecto

Una vez estimados los costes individuales de cada recurso, llega el momento de consolidarlos en un único documento financiero: el presupuesto total del proyecto. Este proceso consiste en sumar todas las partidas de costes directos, indirectos y las reservas para imprevistos, con el fin de establecer la línea base de costes.

La línea base es el referente oficial aprobado contra el cual se medirán los avances y las desviaciones a lo largo de la ejecución. No solo refleja cuánto costará el proyecto en total, sino también cómo y cuándo se gastará ese dinero.

En este punto, es clave decidir la forma de distribuir los costes. Puede hacerse de distintas maneras según la naturaleza del proyecto y los requerimientos de los interesados:

  • Por fases o etapas: Es ideal cuando el proyecto se organiza en ciclos definidos, esto es, inicio, desarrollo, cierre.
  • Por tareas o paquetes de trabajo: Útil para proyectos donde cada entregable tiene un coste asociado y se quiere facilitar el control a nivel operativo.
  • Por partidas contables o categorías de gasto: Recomendado cuando se busca alineación con la contabilidad de la organización. Por ejemplo, personal, materiales, servicios, etc.

Esta fase incluye ajustar el presupuesto en función de las restricciones externas, como el límite de financiación disponible, o internas, como la política de control de costes de la organización. Si el presupuesto estimado excede los recursos, es necesario negociar cambios en el alcance, en los plazos o en la calidad de algunos entregables.

 

Validar con interesados y ajustar

Una vez definido el presupuesto preliminar, es esencial someterlo a un proceso de validación con los interesados clave del proyecto. Estos están constituidos por el equipo interno, cliente, patrocinadores y, en algunos casos, proveedores o financiadores externos. Este paso garantiza que las cifras sean técnicamente correctas, así como realistas, comprensibles y aceptables para quienes tienen interés en los resultados.

Durante la validación, los interesados pueden plantear preguntas como:

  • ¿El presupuesto refleja el alcance acordado?
  • ¿Se han incluido todos los recursos necesarios sin omitir partidas importantes?
  • ¿Los costes están respaldados con datos verificables?
  • ¿La distribución del gasto es coherente con los plazos y prioridades del proyecto?

En esta fase también es frecuente la necesidad de ajustes. Algunos de los posibles son:

  • Reducir o redefinir el alcance para que el coste se adapte a los recursos disponibles.
  • Negociar con proveedores o subcontratistas para obtener mejores precios o plazos.
  • Optimizar la asignación de recursos.
  • Revisar reservas de riesgo, equilibrando la seguridad financiera con la disponibilidad de fondos.

Preparar el control y seguimiento

El presupuesto de un proyecto no es un documento estático. Por el contrario, una vez aprobado, debe acompañarse de un sistema de control y seguimiento que permita comparar el gasto real frente a la línea base definida. De esta manera, el equipo de gestión puede identificar desviaciones a tiempo y tomar decisiones correctivas.

Un buen plan de control incluye:

  • Informes de avance financiero: Son documentos periódicos donde se muestran los costes planificados, los costes incurridos y las diferencias entre ambos. Estos informes deben ser claros y comprensibles para todos los interesados.
  • Periodicidad de seguimiento: La frecuencia depende de la complejidad y el tamaño del proyecto. Puede ser semanal, mensual o en hitos clave. Lo importante es que los datos sean lo bastante frecuentes como para permitir una reacción temprana.
  • Métricas y herramientas de control: El método del Valor Ganado (Earned Value Management, EVM) es una de las técnicas más utilizadas. Y es que integra tiempo, alcance y coste. También se analizan indicadores como la variación de costes (CV) o el índice de rendimiento de costes (CPI).
  • Gestión de cambios en el presupuesto: Es fundamental establecer un procedimiento formal para manejar solicitudes de ajuste. Esto incluye definir quién tiene la autoridad para aprobar modificaciones, cómo se documentan y cómo se comunican al resto de los involucrados.

Buenas prácticas para realizar el presupuesto de un proyecto

Unos buenos consejos son los siguientes:

  • Estimar con rangos de precisión apropiados: En las fases iniciales del proyecto, la información suele ser limitada y las cifras son aproximadas. Por eso, es recomendable trabajar con márgenes de error más amplios (± 20–30 %) y afinar las estimaciones a medida que se obtiene más detalle del alcance y de los recursos. Este enfoque progresivo evita comprometerse con cifras poco realistas desde el principio y brinda flexibilidad para ajustar el presupuesto conforme se desarrolla la planificación.
  • Incorporar una reserva para contingencias o riesgos imprevistos: Ningún proyecto está exento de sorpresas. La reserva de contingencia funciona como un colchón financiero que permite cubrir retrasos, incrementos inesperados en los precios o fallos técnicos sin desestabilizar el presupuesto. Es una señal de previsión y madurez en la gestión de costes.
  • Documentar todos los supuestos utilizados: Al preparar un presupuesto, siempre se hacen hipótesis. Por ejemplo, contamos con que los precios de mercado son estables, un tipo de cambio constante o tasas de inflación determinadas. Dejar estos supuestos por escrito es clave para que los interesados comprendan la lógica detrás de los números y puedan revisarlos si cambian las condiciones externas.
  • Incluir condiciones específicas en las externalizaciones: Cuando una parte del proyecto se subcontrata, es necesario detallar tiempos de entrega, gastos logísticos, posibles penalizaciones y sobrecostos asociados a demoras o modificaciones. Este nivel de detalle reduce riesgos y facilita las negociaciones con proveedores.
  • Revisar experiencias pasadas y ejemplos de presupuestos para proyectos similares: Apoyarse en datos históricos brinda un punto de comparación realista. Analizar qué funcionó bien y qué generó desviaciones en otros proyectos ayuda a mejorar la calidad de las estimaciones y a anticipar errores comunes. Además, contar con ejemplos de presupuestos para proyectos previos facilita la aceptación por parte de clientes y financiadores, ya que se basa en evidencia práctica.

Dominar cómo elaborar un presupuesto para un proyecto es fundamental para asegurar el éxito de cualquier iniciativa. La razón es que permite planificar con realismo, anticipar riesgos y optimizar la toma de decisiones. Un presupuesto bien construido no solo refleja los costes estimados, sino que también actúa como una guía para controlar el uso de los recursos a lo largo de todo el ciclo de vida del proyecto. En este proceso, herramientas digitales como Contasimple pueden ser de gran ayuda. Y es que facilitan la gestión financiera, el registro de gastos, la creación de partidas y la elaboración de informes claros y detallados. Así, aportan transparencia y agilidad al trabajo del gestor de proyectos.

 

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